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Relatos eróticos

La profesora de Latín

 

Eran las nueve de la mañana de un lunes. Las voces ensordecedoras en la clase del Instituto de pronto callaron cuando se abrió la puerta de la clase y entro ella, la nueva profesora sustituta de Latín. Sus inmensos ojos negros atraparon la mirada de todos los chicos de la clase y despertaron la envidia entre las chicas.

Mi corazón latía como no recuerdo que nunca lo haya hecho. De repente me sorprendí a mí mismo (el peor estudiante de la clase), prestando atención a las explicaciones que aquellos increibles labios carnosos, pintados en rosa suave, estaban dando

Terminó la clase y ni siquiera había interrunpido a la maestra una sola vez, como solía hacer, cuando de repente me sacaron del trance unas carcajadas. Miré, y eran mis compañeros mirándome, todos se habían dado cuenta, la profesora había cautivado mi corazón.

La profesora miró sonriendo mientras abandonaba la clase; encima ella también se había dado cuenta. ¡Qué verguenza!, mi temperatura subió cual cafetera en ebullición, todos se reían de mi cara atomatada. La vergüenza no era habitual en mí, pero en esos momentos hubiese dado cualquier cosa por no estar allí. Era el centro de atención de docenas de ojos sonrientes.

A partir de ese día cuando la profesora sustituta entraba en clase, empezaban las miradas hacia mí y las risas, codazos del compañero de pupitre, pataditas en la silla por los compañeros que se sentaban detrás y toda la clase pendiente de mi persona.

Con ese panorama ¿quién podría atreverse ni siquiera a hablar con ella?. Cuando de repente, sucedió, la profesora preguntó las declinaciones y me señaló con el dedo. Las risas resonaron por toda la clase. Los alumnos se retorcían en sus asientos, dando golpes en sus pupitres. De nuevo aumentó la temperatura en mi cuerpo de forma extrema y al ponerme colorado todavía aumentó el nivel de risas hasta hacerse insoportable.

Entonces la profesora que pedía silencio sin éxito me pidió que me volviese a sentar. Y haciendo caso omiso a su petición, fuí yo quien pidió silencio. Y acto seguido las declinaciones empezaron a salir de mi boca. Todos empezaron a bajar el volumen hasta que un silencio total se hizo en el aula, sólo se escuchaba mi voz rodeada del más absoluto silencio.

Cuando terminé, alguien empezó a aplaudir y todos los demás siguieron su ejemplo. Tanto alboroto se armó, que incluso Don Andrés, el director del Instituto (que nos impartía clases de Inglés), entro para ver lo que sucedía. Y tras preguntar a la profesora por lo sucedido exclamó "A ver si siguen ustedes el ejemplo, si el peor estudiante del Instituto es capaz de dar este cambio, piensen lo que pueden llegar a conseguir ustedes", y seguidamente fué el quién empezó a aplaudir, y toda la clase volvió a aplaudir de nuevo.

La profesora llegó a ruborizarse, ya que ella sabía, a qué era debido mi interés repentino por el Latín. Después de la clase, la última del día, me llamó a sólas para hablar conmigo:

Doña Laura: Todos dicen que eres muy mal estudiante, y sin embargo me ha sorprendido mucho que hayas sido capaz de decir las declinaciones con tanta facilidad.

Yo: Sí la verdad es que yo mismo estoy asombrado de haber contestado correctamente a la pregunta de un profesor. De hecho hacía ya mucho tiempo que ningún profesor me preguntaba nada.

Doña Laura: Don Germán, el profesor de historia me ha dicho que en su primera clase preguntó por personajes de Roma, y todos dieron respuestas razonables, hasta que te tocó a tí. Según él no querías dar ninguna respuesta. Y después de insistirte varias veces para que dieses una respuesta, fuese la que fuese, quedó tan sorprendido que incluso él no pudo evitar reirse abiertamente.

Yo: Lo cierto es que yo no lo dije para hacer reir, pero en un libro de Ciencias Sociales del colegio recuerdo que en la misma página que aparecía Séneca también aparecía Alfonso X "el sabio". Así que era mi única respuesta posible ya que Séneca ya lo habían dicho. Y ciertamente yo no soy ni de leer, ni de ver películas de romanos. Y de estudiar ni hablamos.

Doña Laura: Pues hoy no ha sido eso lo que a mí me ha parecido.

Yo: Sí, hoy he tenido suerte.

Doña Laura: Tú sabes que no ha sido suerte. Si has conseguido esto, estoy segura de que puedes llegar a conseguir cualquier cosa que te propongas.

Yo. Lo que a mí me gustaría conseguir es imposible.

Doña Laura: (después de tartamudear levemente, y con sus mejillas sonrosadas). Hay cosas que quizá no están al alcance de nadie. Yo misma no puedo conseguir todo lo que quiero.

Yo: Si yo tuviese esos ojos, naada se resistiiría a mi enccanto (esas palabras salieron enredadas de mi boca, a la vez que notaba como me subía el calor por el cuello e invadía todo mi cuerpo).

Doña Laura: Gracias.

Doña Laura: Pero no pienses que las cosas para mí son tan fáciles, no te imaginas lo que es desear a álguien y no poder ni siquiera decirlo. Llorar a escondidas por amor sin que él lo sepa.

Yo: Pues no entiendo por qué, deberías decírselo. Estoy seguro de que si él te conociese sentiría lo mismo por tí.

Doña Laura: Él ya me conoce y sé que su corazón también siente por mi culpa. Pero vivimos en una sociedad donde no siempre se puede hacer todo lo que uno quiere.

Yo: Eso es una tontería, usted me ha dicho antes que yo puedo llegar a conseguir cualquier cosa que me proponga, y sin embargo ahora me dice que usted ni siquiera es capaz de conseguir lo que tiene entre en sus manos.

Doña Laura: Algo así podría costarme el puesto de trabajo, e incluso algo mucho peor.

Durante un segundo interminable se hizo el silencio, nuestros ojos no podían apartarse los unos de los otros, sus ojos brillaban como lo haría, en una noche tranquila, la luna llena reflejada sobre el mar...

 

El final de esta historia depende de tí ..., cierra los ojos e imagina ...

 

Desde aquí a todos los estudiantes de Latín

¡Un saludo!

Bueno vale, y a las Profesoras también, ja,ja,ja.

 

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Foro del relato erótico: La profesora de Latín

 

Pepe de Madrid: ¿Esto sucedió de verdad?. Por que si pasó estoy seguro de que no pasó nada más.

elratoncito: Esta es una historia inventada. Podría haber inventado el más ardiente de los finales pero eso lo dejo para vuestras mentes calenturientas.

 

Lolo de Valencia: Esa profesora ya no la podían mandar a nosotros, en vez de los callos que tenemos, un saludo a ¿xxx? ("sus profesoras") ...

elratoncito: Esa profesora no existe, yo sé que es la que todos querríais pero no existe. Se siente. ja,ja,ja. Y si existiese yo volvía al cole. Fíjate lo que te digo: Soy capaz de aprenderme las declinaciones si hace falta. Pero NO, os informo de que no existen ni Los Reyes Magos, ni Las Profesoras de Latín. Ja,ja,ja.

 

 

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